Mis verdades me pueden limitar

En un mundo lleno de voces encontradas, sostener la polaridad actual requiere más que respuestas rápidas. Requiere habitar un lugar interno desde donde sea posible mirar la complejidad sin huir, sin reaccionar, sosteniéndola con la presencia que solo nace del respeto y la apertura.

A lo largo de mi camino, he descubierto que no son las diferencias lo que más nos aleja de los demás, sino nuestras propias certezas. Esas verdades que abrazamos con fuerza, creyendo que nos dan estabilidad, muchas veces se convierten en barreras que nos separan de lo que realmente importa. Recuerdo una etapa en la que el yoga, la meditación y la alimentación vegetariana transformaron mi vida. Me sentía pleno, tan pleno que comencé a insistir a quienes me rodeaban en que siguieran el mismo camino. Sin darme cuenta, mi entusiasmo no era una invitación, sino una afirmación implícita de superioridad. Al querer cambiar al otro, lo alejaba. Y lo peor, dejaba de ver mi propia verdad.

Entender que cada uno tiene su propio viaje fue como abrir una ventana hacia un horizonte más amplio. La vida no es una línea recta, y las certezas, aunque reconfortantes, no son faros, sino muros. Aprendí que al soltar esas certezas podía empezar a escuchar desde un lugar más profundo, habitando las historias de quienes me rodeaban sin imponer la mía.

Viviendo en el campo, me encontré atrapado en una nueva certeza: la idea de que el dinero era algo negativo, casi un símbolo de todo lo que estaba mal en el mundo. En mi rechazo al sistema capitalista, empecé a alejarme de la abundancia, como si aceptarla significara traicionar mis ideales. Sin darme cuenta, estaba asumiendo un patrón profundo: la creencia de que para ser coherente con mi lucha, no podía estar bien ni ser feliz.

Pero todo cambió cuando la escasez llamó a mi puerta. Fue en ese momento límite cuando entendí que no se trataba de renunciar a mis valores, sino de transformar la manera en que los vivía. Solté la idea de que la felicidad y la abundancia eran incompatibles con mi propósito. Y entonces algo cambió: el flujo regresó, no solo en lo material, sino en mi forma de mirar la vida. La abundancia no era el enemigo, era una posibilidad de contribuir, de crear y de seguir adelante desde un lugar más pleno.

En esa época, escuché la canción Frontera de Jorge Drexlerque decía:

«No tengo muchas verdades, prefiero no dar consejos…» y “Que el mundo está como está, por causa de las certezas…”

Sonreí, no necesitaba más certezas. Necesitaba aprender a sostener lo incierto, a confiar en el proceso, a habitar las preguntas sin prisa por encontrar respuestas.

La vida no se trata de acumular verdades. Se trata de sostenernos en las preguntas, de aprender a estar en el espacio donde la incertidumbre no amenaza, sino que transforma. Comprender no es reaccionar ni resolver. Es abrirnos a lo que nos inquieta, abrazarlo y dejar que nos enseñe algo sobre nosotros mismos.

Hoy entiendo que acompañar no significa dirigir ni arreglar. Es estar presente con todo lo que somos, nuestras sombras incluidas, y desde ahí permitir que el otro encuentre su propio camino. Porque lo que nos incomoda en los demás no es más que un reflejo de lo que aún no hemos abrazado en nosotros mismos. Desde esa comprensión, el conflicto ya no divide, sino que une. No es un obstáculo, sino un puente.

Trascender la polarización no es un destino, es un camino lleno de pausas, de introspección, de belleza. Y la Facilitación Sistémica es una invitación a recorrerlo. Es un arte que transforma no solo equipos, sino también a quienes se atreven a practicarlo, creando un espacio donde lo personal, lo grupal y lo sistémico encuentran su equilibrio.

En ese espíritu nace también el proyecto de metAMORfosis para líderes. Un lugar donde se aprende a liderar desde la conexión, desde lo auténtico. Donde los desafíos de un mundo complejo se convierten en oportunidades para crecer y transformar. No se trata de tener todas las respuestas, sino de caminar con la certeza de que las preguntas nos liberan.

Hoy, mi trabajo con alumnos, líderes y equipos sigue inspirado por esa idea: en la fragilidad de la certeza, reside la verdadera fortaleza. Cuando nos abrimos al campo de posibilidades que ofrece lo incierto, descubrimos caminos más auténticos y sostenibles para nosotros y nuestras organizaciones.

Bugui García.

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