La era del “experto que lo sabe todo” ha llegado a su fin. Hoy, el conocimiento ya no basta; lo que se valora es la capacidad de generar experiencias transformadoras. En este nuevo paradigma, el facilitador se convierte en un creador de espacios donde las personas no solo aprenden, sino que viven la transformación en primera persona.
El rigor de la responsabilidad, no del conocimiento
Lejos de lo que se pueda pensar, la nueva forma de liderar y facilitar no renuncia al rigor. Pero no es un rigor de datos y teorías, sino de responsabilidad y honestidad. El facilitador no se presenta como un gurú que tiene todas las respuestas, sino como alguien que se pone al servicio del proceso, sosteniendo con humildad lo que emerge en el grupo.
De la ingeniería al misterio de lo sutil
Muchos llegan a esta práctica desde mundos donde todo tiene una explicación lógica: la ingeniería, la gestión, las ciencias exactas. Y, sin embargo, la experiencia les demuestra que hay realidades que no se pueden controlar ni entender desde la razón.
A través de ejercicios tan simples como el uso de figuras de Lego o incluso piedras, se accede a una información que va más allá de lo racional. Como relataba un facilitador en una sesión del Ciclo Formativo de FS: «fue a través de estas prácticas aparentemente inocentes cuando viví mi primer gran viajazo. Lo que comenzó como un ejercicio de prueba, se convirtió en un increíble viaje de conexión profunda con lo invisible, con lo que no se puede explicar, pero sí sentir.
Figuras y objetos: La puerta a lo invisible
La Facilitación Sistémica distingue entre figuras y objetos. Las primeras permiten crear microcampos de información, espacios materiales reducidos y concentrados en los que es posible observar dinámicas ocultas. Los objetos, en cambio, nos invitan a explorar nuestra relación con un entorno físico más grande, llevándonos a descubrir patrones y bloqueos que no somos capaces de ver a simple vista.
Este trabajo con lo sutil no es una moda pasajera; es una nueva forma de comprender los sistemas humanos y organizacionales desde una perspectiva ampliada y profunda.
La nueva facilitación no necesita elocuentes discursos ni presentaciones espectaculares sino presencia, escucha y una humilde sencillez para reconocer que, quizás, basta con una simple piedra (también la que, en ocasiones, se nos cuela en el zapato) para cambiarlo todo.