Trabajé con un grupo de enfermeras y auxiliares en un Hospital de Donosti. Era un grupo de 20 personas con mucha energía y un alto compromiso con su trabajo.

La petición giraba en torno a acercar el grupo al propósito y ganar conciencia de la complejidad y límites del «sistema» en el que estaban para que pudieran centrar mejor sus peticiones y demandas.

Comenzamos haciendo una línea de los más de 120 años de la organización hasta llegar a la fundación misma del proyecto. El director del hospital tomó la voz del fundador y leyendo el mensaje de fundación trajo los valores y la idea que había en ese inicio. Después las personas que habían iniciado el centro donde estábamos también compartieron las dificultades de los primeros años.

Fue un momento muy especial para la mayoría del grupo porque muchas no sabían que los inicios del centro en el que estaban habían sido una experiencia de superación. Cada persona se colocó en esa línea imaginaria y explicó como fue entrar a pertenecer. Este principio sistémico necesita ser reconocido y honrado por el resto de partes del sistema para que no quede oculto ni olvidado.

La memoria y la conciencia son dos ingredientes que ayudan a que los sistemas permanezcan y crezcan hacia su mejor versión.

David Villota, facilitador sistémico, de grupos y catalizador organizacional